Un socio no puede prestar servicios gratuitos a su sociedad.

Bueno. Por poder, sí puede, pero fiscalmente se entiende que los mismos se han prestado a precios de mercado.

Y, por ello, sin entrar en las cuestiones contables, la sociedad debe considerar que ha recibido una aportación de sus socios por ese valor y el socio ha de considerar que su participación tiene mayor valor por ese importe.

Y, el lector se estará diciendo. Chorradas ¿qué empresa tiene en cuenta eso?

Pues ninguna. Ninguna hasta que el socio es inspeccionado y el actuario le levanta actas de IRPF ajustando su base imponible por el valor de mercado de esos servicios y haciéndole tributar por ellos.

Pero claro, la sociedad tiene, en su Balance de Situación unas reservas que la acumulación de beneficios que han tributado, que no incluían ese gasto.

A efectos fiscales, esa parte del beneficio (ese gasto no contabilizado, ¿Puede considerarse, como aportaciones de socios en lugar de reservas procedentes de beneficios?

Pues Hacienda opina que, siempre que no se trate de ejercicios prescritos, esos gastos que han tributado en sede de IRPF del socio, pueden considerarse como un gasto deducible en la sociedad y, además, al no existir contraprestación por el servicio prestado, aumentarán el valor de adquisición de la participación del socio en la sociedad.

 

 

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