Con los últimos cambios normativos introducidos en el Impuesto de Sociedades, el deducir pérdidas de filiales se ha convertido en misión casi imposible.

Ya no son deducibles los deterioros de cartera de ningún tipo: ni los dotados por pérdidas en participaciones de empresas del grupo, ni por activos disponibles para la venta. Tampoco lo son cuando esas pérdidas pasan a ser definitivas con la venta de la cartera. Sólo la disolución de la participada, parece ser – y no en todos los casos- el camino para recuperar impuestos de esas inversiones fallidas.

No obstante, apoyándose en la normativa contable, queda un resquicio: la cartera de negociación.

El Plan General Contable regula que las participaciones de menos del 20% adquiridas para su venta a corto plazo deben ser registradas en ese epígrafe de los activos financieros.

La interesante característica de estos instrumentos financieros es que, su contabilización debe ser realizada siempre a valor razonable -leáse mercado- cargando o abonando directamente contra el valor contable de la participación el ingreso o gasto financiero por la variación de valor. Es decir, sin dotar deterioros ni reversiones de los mismos.

La norma fiscal prevé que, cuando la participación en cartera de negociación, no de derecho a la exención por doble imposición, el gasto financiero registrado sí será fiscalmente deducible.

Recordemos que para gozar de la exención citada la participación ha de ser superior al 5%, mantenerse durante 1 año y, en el caso de entidades no residentes tributar por un impuesto similar al Impuesto de Sociedades a un tipo nominal de, al menos, el 10%.