Uno de los objetivos fiscales a planificar en la empresa familiar es la obtención de la exención de las participaciones en el Impuesto de Patrimonio y, por ende, la bonificación en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones.

Para ello, entre los requisitos imprescindibles, figura la necesidad de que, uno de los socios del grupo familiar, realice las funciones directivas y perciba, por ello, una remuneración que suponga más del 50% de sus rendimientos anuales.

Pues bien, en ese sentido debe tenerse muy en cuenta que, en opinión de Hacienda, la pensión de viudedad, como rendimiento de trabajo a efectos del IRPF, debe incluirse en el cómputo de los rendimientos anuales.

Es decir, es necesario que la remuneración obtenida por quién realice las funciones directivas supere a su pensión de viudedad o, de lo contrario, se perderán los beneficios fiscales.