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Efectivamente, desde la reforma del reglamento de facturación en 2012, las facturas remitidas por correo electrónico son tan válidas como las remitidas en papel, sin necesidad de que sean firmadas electrónicamente.

La única exigencia es que se disponga de una pista de auditoría fiable que permita asegurar la autenticidad de la misma, exigencia que, en realidad, es la misma que la existente para las emitidas en papel que, en caso de revisión, deben poder justificarse mediante una trazabilidad de pedidos, albaranes y cobros.

Ni siquiera es preciso que el destinatario acepte expresamente la recepción en formato electrónico. Basta con la aceptación tácita, es decir, que no la rechace, lo cual queda evidenciado, por ejemplo, con el pago de la misma.