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En IRPF el precio de transmisión de participaciones de sociedades no cotizadas está tasado.

Salvo prueba en contrario, el precio no puede ser inferior al mayor de los tres siguientes valores:

El valor nominal.
El valor teórico contable que figure en el último balance cerrado de la sociedad.
El resultado de capitalizar al 20% el promedio de los beneficios de la sociedad en los tres últimos ejercicios cerrados.

Evidentemente, esto, salvo que se disponga de pruebas evidentes de un precio inferior (minusvalías latentes, contingencias no reconocidas en el balance, etc) supone un hándicap a la hora de fijar el precio de la transmisión ya que, aunque se realice por un precio inferior, el vendedor va a tener que tributar por el mínimo.

Pero, ese mínimo, para el comprador tiene su ventaja. Si el adquirente vende, más adelante, esas participaciones, puede tomar como valor de adquisición el precio mínimo en lugar del pagado, produciéndose una menor ganancia en su IRPF. Es decir, lo pagado de más por el vendedor inicial es pagado de menos por el adquirente en una posterior transmisión.

Eso sí, debe tenerse en cuenta que, si la transmisión inicial fuese impugnada por el vendedor y aceptado por Hacienda, el precio de transmisión debería ser el declarado.