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A efectos del IRPF se considera vivienda habitual de un contribuyente aquella que constituya su residencia durante un plazo continuado de, al menos, tres años.

Si no llega a transcurrir el citado plazo, el inmueble pierde tal consideración con las consecuencias que de ello se deriven (no aplicación y devolución de la deducción, tributación por renta presunta, tributación en Impuesto de Patrimonio, pérdida de exención en caso de transmisión…).

Sin embargo, existen algunas circunstancias en que, pese a no haber transcurrido dicho plazo, se le mantiene la consideración de habitual. La más indiscutible es el fallecimiento del propio contribuyente, aunque hay otras como son el matrimonio, separación, traslado por motivos laborales o, reza la norma, otras análogas justificadas.

Pues bien, la DGT en consulta reciente ha admitido el crecimiento de la familia – en el caso consultado se pasó de tres a cinco hijos en un piso de tres habitaciones-como una de esas causas “análogas justificadas” para mantener la condición de vivienda habitual